Propiamente hablando, Ignacio de Loyola no ha tenido una visión de Dios como Trinidad, sino una experiencia interior, una comprensión en profundidad del misterio trinitario, que ha tenido como consecuencia un consuelo y un gozo perdurable. Así lo muestra tanto su Autobiografía¸ como su Diario espiritual, de donde proceden los textos que presento este día, el día de su fiesta, felicitando a todos mis amigos ignacios e iñakis, a todos los jesuitas...





























Como cristianos y ciudadanos del mundo actual, el contemplar la historia es de gran relevancia. El Génesis, en la narración sobre la creación, nos recuerda por ejemplo que en el principio “Dios vio que todo lo que había hecho y todo era muy bueno” (Gen 1,31). La importancia de mirar hacia atrás, particularmente en los tiempos actuales, nos ayuda a mirar hacia el pasado para darnos cuenta de cuánto hemos avanzado, construido o destruido con respecto a aquello “muy bueno” que fue creado. Como resultado, en este caso, hemos experimentado que necesitamos transformar nuestras relaciones humanas, como también nuestra relación con la creación y cambiar nuestro modo de proceder si deseamos mantener la vida en este planeta.
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